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28 de febrero de 2013

Carnaval en el Uruguay

Matasellos primer día de emisión

Diseño: Daniel Pereyra

Motivo del sello: diseño de vestuario de Juan Mascheroni (1948-2010).
Imagen cedida por el Museo del Carnaval.

29 de junio de 2011

150 aniversario del nacimiento de Pedro Figari (Tarjeta prefranqueada)

Reverso con Matasellos Primer Día de Emisión
Diseño: Diego Tocco

Motivos: 
  • En el anverso aparece el óleo titulado Candombe, pintado sobre cartón, sin fecha, 61 X 81 cm, en colección del Museo Histórico Nacional. El Candombe uruguayo es una danza creada por los afrodescendientes del Uruguay, a partir de ritmos africanos, que se ha integrado al patrimonio musical del país con variadas expresiones de danza y canto, y está también asociado al carnaval.
  • En el reverso hay un pequeño dibujo, también obra de Figari y los datos del óleo reproducido.
  • El matasellos Primer Día de Emisión presenta la firma del pintor.

Información del sitio web del Correo Uruguayo:

Pedro Figari

La vida de este pintor como la de todo creador genuino, tiene sus características singularísimas. Entre las de Figari se destaca su radical cambio de ubicación social y oficial, que constituye una excepción en la existencia de sus notorios compatriotas.
Califica Ortega y Gasset al intelectual de hombre ˜preocupado˜, para el pensador español el político es el hombre ˜ocupado˜.
Hombre evidentemente social, gozó en su juventud de la simpatía de los triunfos. Primero fue profesional universitario, sobresaliente en el derecho penal como defensor de inculpados en causas célebres de su tiempo; letrado del Banco República; funcionario en el alto cargo de Inspector de Escuela de Artes y Oficios del país, donde por sus directivas quiso ensayar el estudio del desarrollo decorativo de los elementos de la fauna y flora nativas; político que ocupara la banca de representante nacional. Toda esa actividad social que cumplió tan destacadamente, llegando hasta abarcar la diplomacia, fue vivida por Pedro Figari con un parejo interés por las actividades intelectuales del puro y gratuito ejercicio.
Fue ensayista de la belleza en su libro Arte, Estética, Ideal publicado en 1912, testimonio de la inquietud de sus problemas creativos mas generales. Autor de razonamientos sobre belleza o manifestándose sensiblemente como los poemas ˜El arquitecto˜ (1930), su pensamiento fijado en palabras forma una notable unidad con su plástica, ya que sus libros pueden ser leídos en su pintura. Los escenarios de largos horizontes en los que los seres se integran en el paisaje señalan el credo panteísta como el mensaje último de un artista filósofo. Comprendiendo como pocos en qué grado las artes representan la sabiduría del pensamiento humano, supo compendiar todas sus ideas fragmentadas en actividades múltiples en la unidad visual del cuadro pintado. En su ecuación personal, la pintura iguala la suma de numerosas experiencias en el trabajo constante y variado de persona culta. Confiarse así como lo cumplió, con entrega total a las artes, tan llenas de incertidumbre, tan difíciles para los juicios definitivos, tan proclives al descontento íntimo de quienes las ejercen; darse enteramente a soltar sus preocupaciones después de haber realizado un acto heroico.
Cuando Figari estructuró toda la creación de su arte tras larga meditación y paciente recato, fue a Buenos Aires a producir. Allí vivió cuatro años pintando sin reposo. Del ejercicio salió su incomparable estilo, porque en la pintura también la mano piensa. Figari desde Montevideo parte con su vocación ya marcada y al instalarse primero en Buenos Aires (1921-1925) y luego en París (1925-1933) mas que buscar el sustento de ideas procura aspirar al aire inteligente de la comprensión.
Creación y producción.
Figari separó perfectamente estos dos tiempos de la obra de los artistas, que establecen distinciones definitivas y que en el presente tienen a confundir por el apresurado deseo de uniformidad de expresiones, considerada como conquista del artista moderno. Todo horizonte que presenta un pintor señero es recorrido inmediatamente por multitud de colegas de todos los países sin conciencia de temores.
Apenas capacitados para la identidad en la apariencia creativa - desde luego inédita, brusca, llamativa, poderosamente diferenciada como ocurre con los cambios evolutivos en las artes actuales - con urgencia que sobrepasa todos los asombros, el artista produce. Su adhesión es tan total que es imposible detenerlo en sus ansias. Ya no investiga: produce en esa nueva devoción, nada aporta ni matiza a la expresión que lo imanta; su pasado, su ayer inmediato, otro culto anterior lo retiene: produce en la nueva manera y repite 20 0 30 veces un mismo ejercicio para cumplir la exposición personal solicitada y responder a las invitaciones de los cada vez mas numerosos certámenes nacionales e internacionales con rostro diferente.
Los temas de Figari - no el tiempo expresivo - eran ciertamente afines a los usados por artistas argentinos, y allí completa su repertorio con interpretaciones de motivos propios del país, como el episodio de ˜Barranca Yaco˜, del retrato del personaje literario ˜Don Segundo Sombra˜ y las danzas provincianas. Encontró en Buenos Aires un medio, una ˜elite˜ culta, acogedora, pero lo suficientemente reciente en el contacto del artista para apreciarlo como versión totalmente inédita y respetarlo en su virginidad interpretativa. Una ˜elite˜ de alta napa de la sociedad bonaerense lo sostiene y alienta. Algunos literatos intuyen su gran aporte a la cultura ciudadana.
Figari fue a afirmar sus propósitos expresivos en Paris. Esos mismos argentinos y el uruguayo Julio Supervielle le han de ayudar para ubicarse en la capital de Francia. A la ˜Escuela de Paris˜ perteneció y dentro de ellas al neoimpresionismo...Su pintura ciertamente influída por Vuillard y Bonnard, marca aportes a esa tendencia de los ˜intimistas˜ franceses no solo en el incuestionable interés de sus nuevos motivos, sino también en la presencia de esa citada síntesis que es traducción válida hasta hoy, de la mayor sencillez y juventud continentales. Figari es uno de los iniciales y mas conspicuos representantes de un momento de la pintura de Latinoamérica, después del período documental, que le reconocemos como la etapa de investigación de un contenido local.
En lo colectivo, es un momento en que el arte de América del Sur se ve invadido por los pintoresquistas y los cultores del tipismo. Figari se aisló en su posición; nada reprodujo, nada subrayó: todo en su pintura fue un comentario. El comentario de Figari, lejos de ser pirotecnia propagandista del folklore era solera y prosapia rioplatense; una historia usada, sabia e íntima.
En Buenos Aires, París y un último año, en 1934 en Montevideo, cuando cesa de pintar dejando amontonados a su muerte dos mil quinientos cartones pintados, es que se realiza su largo relato. Cada cartón suyo es una palabra de ese enorme mundo experimentado por este, sin duda, insolitamente culto pintor.
Antes de transcurrir un siglo, Figari se presenta como la antítesis del viejo pintor, con la desformulación más total.
En menos de un siglo de existencia, el dibujo uruguayo recorre desde los vasos de los caballos de ˜La escolta del General Maximo Santos˜ de Juan Manuel Blanes, todos iguales, hasta las cuatro patas de cualquier potro clinudo de Pedro Figari, todas diferentes.
Como dibujo Figari creó el suyo, tal los armonistas de su época, aquellos impresionables ya citados que fijaban resoluciones sorpresivas, solo atentos a sus ocurrencias. No tenía este dibujo, resabio alguno de la noción académica del acabado perfecto. Es el dibujo de Figari individualista en grado sumo, desformulado al extremo, pero el más convincente para su propósito, el más preciso para imprecisar formas y detalles en su deseo de recordacion poética del pasado sin caer en las anacrónicas reconstrucciones, para poder fundir cualquier relato suyo en el plano de la leyenda que es la que hace cierta la relación de las cosas del pasado.
De aquí asemejándose los cuadros de los últimos años por temas, armonías, señalización de horizontales o disposición de las figuras en friso, siempre se ha de notar en la interpretación pictórica de su mundo figurativo una nueva ocurrencia o metáfora de su pincel, que le quita o le anula la posibilidad de ser calco o repetición.
Figari -bien lo afirmaba el artista en todas sus conversaciones- tuvo su tema, cuyos motivos son todos innegablemente parecidos al escenario del Río de la Plata. Bastante fácil es comprender que en este aspecto solo puede interesar al uruguayo o al argentino, pero los temas en pintura empiezan a ser válidos desde las mismas creaciones de los artistas y no por méritos referenciales que solo atraen a la gente local; lo que importa afirmar es que Figari creó su tema.
Falleció en 1938 el mismo día que el escritor Carlos Reyles, dejando un legado de cerca de 4000 cartones y dibujos, en los cuales el gaucho, el esclavo africano y sus descendientes son figuras de una nueva expresión que revaloriza la historia local y americana en proceso ˜civilizatorio˜, de la modernidad. En todas sus expresiones y actos subyace un hondo sentido humanista, que será la marca también de su prosa ficcional (varios cuentos y la utopía novelada Historia Kiria de 1930) y de su obra poética (El Arquitecto, de 1928).

Información extraida de la página del RAU
(Universidad de la República, Red Académica Uruguaya).

4 de marzo de 2011

Homenaje a Carlos Páez Vilaró (Hoja filatélica)


Sobre oficial del Correo Uruguayo,
diseñado por Páez Vilaró,
con Matasello Primer Día de Emisión
Las Llamadas, obra de Páez Vilaró reproducida
en el sello de la hoja filatélica.


Diseño: Alejandro Muntz

Motivos de la hoja filatélica:
  • foto del artista en su taller
  • pintura Las Llamadas
El Matasello Primer Día retoma las líneas de la obra Las Llamadas

Las llamadas

El desfile de llamadas es una fiesta popular que se realiza todos los años en el mes de febrero, durante la época de carnaval en Uruguay. Forma parte del concurso oficial de agrupaciones carnavalescas de la capital uruguaya. Durante dos noches desfilan unas 40 sociedades de negros y lubolos (conocidas como "comparsas") por calles de los barrios Sur y Palermo. Constituye una de las más puras manifestaciones de la cultura afrouruguaya. También tiene expresiones en algunas ciudades del interior del país.

Del sitio web del Correo Uruguayo:

El Correo Uruguayo realizó el lanzamiento de una Hoja Filatélica en homenaje al artista plástico Carlos Páez Vilaró, en un acto realizado el 3 de marzo en Casapueblo, Punta Ballena, departamento de Maldonado.

Por primera vez en la historia de la filatelia uruguaya se realiza un reconocimiento en vida a la trayectoria de un personaje público, resaltando su aporte y contribución a nuestra cultura.

Carlos Páez Vilaró nació en Montevideo el 1º de Noviembre de 1923.

El contacto permanente con las actividades desarrolladas por sus padres entre libros, arte, arquitectura, decoración o las creaciones más diversas, se integraron naturalmente al proceso de su niñez.

Marcado por una fuerte vocación artística, partió en su juventud a Buenos Aires, donde se vinculó al medio de las artes gráficas y conoció a los más destacados dibujantes de la época. Atrapado por la magia de la noche porteña, Buenos Aires provocó sus primeros balbuceos en el arte.

Tomó como fuentes de inspiración el tango, los bares y cabarets, donde solía dibujar a la noche en sus mesas. Estos temas marcaron a fuego la iniciación de su carrera de artista, y nunca dejaron de aparecer en los distintos períodos de su prolífica obra.

A fines de la década del 40 regresó al Uruguay y al descubrir la existencia del folklore afro-uruguayo, se vio motivado por el tema del candombe y la comparsa, se vinculó estrechamente a la vida del conventillo ˜Mediomundo˜, una casona habitada por un sinnúmero de familias afrodescendientes, donde instaló su atelier de pintura y, con pasión desenfrenada, se entregó totalmente al tema.

En la década del 50 conoció a Picasso, Dalí, De Chirico y Calder en sus talleres. Ese peregrinaje europeo inicial, el contacto con la pintura, los museos y los artistas, le dieron el impulso que necesitaba para un regreso a su país con entusiasmo.

A su regreso a Uruguay en 1969, continuó las obras de Casapueblo, modelada con sus propias manos y la ayuda de los pescadores. Ubicada sobre los acantilados rocosos de Punta Ballena sobre el mar, su casa se transformó en un símbolo del lugar. El artista define a Casapueblo como su barco quieto, trampolín para partir y al que siempre regresa. Su baúl para almacenar recuerdos, su escultura habitable.

12 de febrero de 1996

Personajes del Carnaval uruguayo




Diseño: Eduardo Salgado

Personajes:

Pepino (José Ministeri) director de la murga Los Patos Cabreros, que en 1918 introdujo el acompañamiento rítmico de "batería de murga", tal como se la conoce actualmente, es decir, integrada por bombo, platillo y redoblante.

Santiago Luz. Clarinetista afrouruguayo. Integró orquestas que animaban bailes de carnaval, entre otros, en el Platense Patín Club. Amante del jazz, integró con Wáshington Quintas Moreno al piano y Julio Cuccurullo en batería el trío Tres para el Jazz, que dio un recordado concierto en la Sala Auditorio del SODRE el 12 de agosto de 1971 del cual quedó una grabación.

Rosa Luna. (Montevideo, Uruguay, 1939 - Canadá, 1993), bailarina y vedette del carnaval montevideano. Nació en el Conventillo Mediomundo, sitio emblemático de la comunidad negra del Uruguay. Fue un ícono del carnaval uruguayo, y una vedette que se imponía por su fuerte personalidad y su exuberante figura. Fue también coreógrafa. A partir de la década de 1960 se convirtió en la máxima figura femenina, rivalizando con la hasta entonces imbatible Martha Gularte. Su temprana muerte, cuando estaba de gira por Canadá, sorprendió a la opinión pública y privó al Desfile de Llamadas -máxima fiesta de la raza negra-de una presencia imposible de sustituir.